Lorent Saleh, el joven venezolano que Santos le
entregó a Maduro
El señalado
por el régimen venezolano de conspirar fue extraditado en el 2014. Desde
entonces está aislado en la cárcel del Helicoide, donde escribió esta carta
Foto:
Presidencia
Colombia fue la segunda casa de Lorent Saleh. Era el líder del grupo
estudiantil Operación Libertad, feroz opositor del chavismo. A finales del 2013
llegó a Bogotá huyendo de la persecución encarnizada de Nicolás Maduro. Era
cercano al uribismo, presentado al expresidente por la congresista María Fernanda
Cabal.
En septiembre del 2014 fue expulsado por el expresidente Juan Manuel Santos
y extraditado a Venezuela, acusado de pertenecer a grupos de extrema derecha.
Desde esa fecha está en el Helicoide, la temible cárcel chavista. Esta carta la
escribió desde su aislamiento:
Desde niño mi sueño siempre fue ser poeta, hacerme de las letras hasta
convertirme en poesía y trascender dejando la materia; y este es mi drama, mi
padecimiento permanente, mi conflicto existencial, mi guerra conmigo y con mi
yo más profundo que se ve frustrado e incompleto. Y es que voy fallidamente
tras la poesía y ese mundo de palabras que la política intenta arrebatarme y
quitarme de las manos.
Nací en una tierra hermosa donde se devaluó la vida hasta borrarse por
completo el significado de la dignidad y el sentido de lo humano, se desataron
los demonios de la avaricia y el resentimiento, se creció toda la intolerancia
al libre pensamiento con el objetivo de imponer, con fuego y hambre, un
pensamiento único en medio de la polarización de los sectores dominantes. Usan
la política para hacer lo malo y joderse -queriendo y sin querer- en los más
pobres… Entonces, como otros jóvenes, terminé de cabeza consagrado en aquella
romántica terquedad de querer cambiar el mundo en el que vivo. Ahora estoy acá,
en una celda desde hace ya algunos años y mi madre, afuera en el portón, sufre
y lucha como leona por mi regreso al hogar. Pase lo que pase ella no se da por
vencida y no deja de creer, pues un amor de madre la proyecta al infinito.
Desde la última vez que vi el cielo y presencié el atardecer hasta hoy he
vivido intensamente, he vivido más que nunca, aunque algunos esperaran lo
contrario. Me han golpeado en el alma y en el cuerpo y me han herido en lo
profundo. Me han quitado casi todo, he perdido muchas cosas muchas veces, he
querido morirme al punto de cortar mis venas y sentir descanso en cada gota
derramada, también he deseado vivir y he entrado en pánico al sentir la muerte
tan de cerca, he vivido la soledad como un castigo y como una bendición al
mismo tiempo, me han aislado de todo tanto tiempo que me llevaron sin remedio a
encontrarme con mi yo.
Me metieron en una Tumba fría un poco más de dos años y de ella salí vivo,
me llevaron a la Roca Tarpeya y me metieron en una caja de concreto en un lugar
llamado el Helicoide. Soy testigo de torturas de mil formas y expresiones; he
visto lo más grotesco de lo humano y lo más hermoso en medio de la desgracia.
Hace mucho que dejé de ver la luna pero aún hablo con ella y con ella me
conecto con el resto. De obstáculo en obstáculo voy ganando las batallas aunque
el cuerpo muchas veces me traicione.
Luego de más de 3 años y muchos meses, de La Tumba y La Roca, de golpes en
el alma y en el cuerpo, de dos celdas y muchas requisas, de quedarme solo y de
ver a tantos partir una y otra vez, de dos motines y el aislamiento prolongado
par de veces sin piedad… Estoy, sigo vivo y vivo más que nunca, incapaz de
sentir odio y ligero de equipaje, con agua, un colchón y par de libros; y
resultó que soy finalmente libre, casi feliz en lo que se suponía debía ser un
cruel tormento. He encontrado muchas respuestas que pensé que nunca
encontraría. Finalmente entendí que la libertad no se trata de poder tener sino
de no necesitar y que realmente sólo pierde quien se rinde y que la clave está
en perder el miedo a caerse y en levantarse una y otra vez con humildad… Que la
celda es tan solo una caja y una idea es todo un universo.
Esto no es un documento ni una carta papel-dirigida, no es un artículo ni
mucho menos mi opinión acerca de algo; esto parte de la nada, es más como un
intento errático de mirarme desnudo y flaco frente al espejo que no tengo, mi
poesía frustrada que busca liberarme y que pelea con la política que me
mantiene secuestrado – el síntoma de la enfermedad que padezco y controla mi
mundo todo y me hace ser quien soy. El lenguaje de la mía existencia que no
lograron desgraciar los empleados fieles del sistema, mi más pura y vulgar
intimidad carcelaria develada en papel de contrabando, la rutina abstracta de
un libertario colocado en una caja. Un pequeño fragmento [de yo] antes del
partir.
No sé cuánto dure y hasta dónde llegue, pero seguiré resistiendo con amor y
sin excusas.
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