Arbitraje Pitana
La
Regla 9 del fútbol dice que el balón NO estará en juego
cuando:
"-
haya atravesado completamente la línea de meta o de banda, ya sea por el suelo
o por el aire;
- el
juego haya sido detenido por el árbitro;
- el
balón toque a un miembro del equipo arbitral, permanezca en el terreno de juego
y, además:
- un equipo inicie un ataque prometedor o
- el balón entre directamente en la portería o
- el equipo en posesión del balón cambie.
En
todos los casos anteriores, el juego se reanudará con un balón a
tierra".
En cuanto a los criterios y/o
fundamentos legales, que se deben tener
en cuenta en la interpretación (hermenéutica jurídica), para adoptar una decisión
ajustada a la ley (reglamento arbitral FIFA) en este caso; la legislación tiene
los siguientes Principios:
El Código Civil ordena al
respecto:
Artículo 27. . Cuando el sentido de la ley SEA CLARO, no se desatenderá su tenor
literal A Pretexto de
consultar su espíritu.
Por su parte la Constitución Política establece:
Artículo 230. Los jueces, en sus
providencias, SÓLO ESTÁN SOMETIDOS AL
IMPERIO DE LA LEY. La equidad, la jurisprudencia, los principios
generales del derecho y la doctrina son
criterios AUXILIARES de la actividad judicial.
En este caso la regla 9 que
establece las condiciones, sobre cuando un balón NO está en juego dispone:
“…el
balón toque a un miembro del equipo arbitral, permanezca en el terreno de juego
y, además:
- un equipo inicie un ataque prometedor o
- (…)
- el equipo en posesión del balón cambie.
Como se puede observar, se cumplen
dos de las condiciones consagradas en la norma o regla; a saber:
a)
El balón tocó al árbitro Pitana y
b) Se
inicia un ataque prometedor que (en dos pases terminó en gol).
Para
rematar, es necesario aclarar que, la conjunción (Y), solo es cierta si todas
las condiciones unidas por esta figura gramatical se cumplen; mientras que la
disyunción (O), es cierta cuando cualquiera de la condiciones, separadas por
dicha figura gramatical se cumple (Que es la figura usada en este caso por la
regla 9). Más claro, no canta un gallo, pero como no hay peor ciego que el que
no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír.
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