El túnel de la línea

Desde hace más de un siglo se comenzaron a trazar las ideas para atravesar la cordillera y conectar el centro del país con el pacífico. Una de las primeras referencias sobre esta obra data de 1918, durante el gobierno de Marco Fidel Suarez. Luego, en 1925 con Pedro Nel Ospina como Presidente, se contrató una firma francesa para la línea férrea y esta recomendó un túnel en la montaña. Según el presidente de la Academia de Historia del Quindío, Jaime Lopera, "alcanzaron a perforar 300 metros de una de las bocas del túnel pero no se sabe dónde está".

Pero con el paso de los años y de varios gobiernos, las obras quedaron detenidas unos 40 años hasta que un ministro de Obras Públicas del gobierno de Carlos Lleras Restrepo desempolvó el proyecto y lo ubicó en la parte baja de la montaña para evitar mayores costos, pero después expertos japoneses sugirieron que el túnel debía construirse a 2.600 metros sobre el nivel del mar.

En la década de los 80, resurgió la idea de ubicar el túnel en lo alto de la montaña pero después quedó nuevamente archivada. En el 2000 durante el gobierno de Andrés Pastrana, se autorizó a la Nación a financiar el túnel y construirlo a 2.520 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo, dos licitaciones quedaron desiertas por falta de pólizas de garantía de cumplimiento para el proyecto.

Durante el mandato de Álvaro Uribe Vélez, el proyecto se retomó en la parte alta de la montaña. Aunque el sector de la infraestructura del país proponía dos túneles unidireccionales, al parecer no se realizaron por los costos. Además, surgieron controversias por la modalidad del contrato y por los riesgos geológicos, no obstante, luego se aprobó la construcción de un túnel piloto para verificar las condiciones del terreno y se lograron las pólizas del proyecto.

Tras una cadena de incumplimientos y solicitudes de prórrogas que sumaron más de 40 meses de atrasos, la terminación de las obras comenzó a tornarse en un sueño inalcanzable para los habitantes de la región central y en un dolor de cabeza para el Gobierno de Juan Manuel Santos.

De esta manera, en el 2016, el Instituto Nacional de Vías (Invias) resolvió no conceder más prórrogas a la UT Segundo Centenario y a su representante Carlos Collins y declaró la caducidad del contrato número 3460 vigente desde 2008 para abrirle paso a una nueva licitación para terminar las obras; y fue así como durante el gobierno de Santos, el proyectó que se encontraba en ese momento en menos del 50% de su ejecución, se quedó sin recursos (financiación) y se paralizó durante dos años (20016-20018),

Durante el mandato de Iván Duque, se destinaron más recursos para las obras y se abrieron tres licitaciones públicas para la terminación de los trabajos entre Calarcá y CajamarcaEl monto fue de 490.507 millones de pesos. Para algunos expertos este proyecto ha sido un reto para la ingeniería colombiana pues tuvo que enfrentarse a la segunda falla más compleja de su tipo en el mundo, según directivos de Invías.

Después de un siglo de reveses, el proyecto finalmente verá la luz este 4 de septiembre. "’Finalmente veremos la puesta en servicio del proyecto de infraestructura de transporte más importante que hemos construido en Colombia"’, dijo el director del Instituto Nacional de Vías, (Invías), Juan Esteban Gil.

 

LAURA SEPÚLVEDA
Para EL TIEMPO

 

 

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