EL NUEVO SINODO
En relación al Sínodo convocado por el sumo pontífice para
este año, me parece importante manifestar lo siguiente:
En primer lugar me parece que los aspectos más importantes y
urgentes que de ben sufrir algún tipo de modificación, si así se les puede
decir; son:
Como el mismo Santo Padre lo ha dicho, si bien es una labor
prioritaria y de una vital trascendencia predicar el evangelio de norte a sur y
de oriente a occidente, no basta con que el Papa, los Cardenales, Obispos y
Sacerdotes celebren la Santa Eucaristía y prediquen el evangelio a diario, o
que realicen visitas protocolarias a cárceles y hospitales, o visiten
poblaciones pobres y abracen y besen a los niños. Se trata claro, de ir a la
periferia pero con obras que generen un verdadero cambio: tales como ancianatos
gratuitos, guarderías gratuitas para niños pobres, que en cada país del mundo
la iglesia católica distribuya al menos unos 1.000 mercados mensuales para las
familias pobres, que el Papa, los Cardenales, Obispos y sacerdotes; tengan una
oficina encargada de investigar sobre casos de personas (ancianos, niños,
jóvenes o adultos) que padezcan enfermedades graves y que no tengan recursos
para sufragar las cirugías, tratamientos y/o medicinas, para curarlas o hacer
menos doloroso su padecimiento; y muevan sus influencias para que las clínicas, hospitales, fundaciones,
gobiernos y/o empresas grandes donen los recursos para que dichas personas
accedan a tales cirugías, tratamientos, medicinas y terapias requeridas por los
(as) enfermos.
Me parece que con los 300 millones de dólares y las
donaciones adicionales que recibe el Vaticano anualmente, podría realizar
dichas gestiones.
Por su puesto, no se trata únicamente de echar sobre los
hombros de los representantes de la Iglesia Católica, la responsabilidad de ser
quien se dedique a hacer menos gravosa la vida de los sufren en la tierra; pues
entre otras cosas siempre ha sido una de las instituciones que más ha aportado en este sentido, se trata
de que todos aquellos que decimos creer en Dios también pongamos nuestro
granito de arena, poniendo en practica las obras de caridad que Cristo nos
enseño cuando vino al mundo: Dar de comer al hambriento, dar de beber al
sediento, vestir al desnudo, visitar al enfermo, escuchar al que esta triste,
etc. Olvidándonos de aquella frase perversa que reza: “Dar limosna es fomentar
la vagancia” y aplicando más bien aquella que dice: “Haz el bien sin mirar a
quien”, acordémonos que Jesús nos enseñó: “No juzguéis y no seréis juzgados”.
De otro lado, me parece que el Papa Francisco, al igual que
el Santo Padre Juan Pablo II (La dictadura comunista en Polonia, el muro de
Berlín, etc), o sor Teresa de Calcuta (Son tan innumerables sus actos de
caridad en los que incluso arriesgo su propia vida), debería ir personalmente a
los lugares donde han estado ocurriendo las peores tragedias de los últimos
meses, tales como Croacia, Venezuela, Nicaragua, Afganistán, Siria o Turquía y llevar personalmente ayuda y
consuelo a las personas damnificadas con tales tragedias y no limitarse a
enviarles mensajes de apoyo. A quien sí debería invitar a una reunión o al
menos enviarle un mensaje tratando de persuadirlo para que cambie su conducta
injusta y errónea, es a Vladimir Putin, a menos que le parezca políticamente
incorrecto.
No
se trata de cambiar Nada, se trata de poner por obra lo que DIOS vino a
enseñarnos a través de Jesús
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