Los países europeos dan marcha atrás en las «reasignaciones de género» en menores

La experiencia médica en Noruega, Finlandia, Suecia y Reino Unido lleva a sus sistemas de salud pública a restringir el acceso a los tratamientos de «afirmación de género».

Tras un avance sin precedentes de los llamados «derechos trans» en el continente europeo, son varias las naciones cuyos sistemas de salud han comenzado a adoptar posturas más prudentes respecto a este tipo de tratamientos en MENORES DE EDAD, irreversibles en muchas ocasiones, debido a la falta de evidencias científicas y a la falta de seguridad sobre las repercusiones a largo plazo en las vidas y la felicidad de los pacientes.

En marzo de 2023, la Junta de Investigación de Noruega anunció que reevaluaría sus pautas respecto a los «tratamientos de afirmación de género» en menores. Tras un análisis de las investigaciones, los médicos aseguraron que la «atención de afirmación de género» no está fundamentado en evidencias y se decidió que el uso de hormonas cruzadas, bloqueadores de la pubertad y cirugías de reasignación de género son EXPERIMENTALES. La actualización de las recomendaciones clínicas significó la restricción a entornos de investigación del empleo de hormonas del sexo contrario y bloqueadores de la pubertad, así como de las cirugías «de transición». De esta forma, el país escandinavo se unió a sus vecinos Suecia y Finlandia y al Reino Unido, naciones europeas que anteriormente ya habían adoptado límites a los «tratamientos de afirmación de género» en menores

Por su parte, durante los últimos meses los diferentes estados de Estados Unidos han tomado uno u otro lado: los estados republicanos aprueban leyes para restringir o prohibir los tratamientos —el último, Texas—, mientras que las administraciones demócratas promulgan medidas para defender y blindar la «atención a la afirmación de género» como parte del derecho a la salud. La división partidista —negativa o afirmación total— provoca que el asunto se haya convertido en una guerra abierta y altamente politizada, lo que supone un obstáculo para la investigación clínica de los casos, algo muy necesario debido a la falta de estudios longitudinales.

Sin embargo, en Europa la experiencia recogida en países de larga trayectoria en el reconocimiento de los llamados «derechos trans» señala que los beneficios de estas intervenciones, invasivas en muchas ocasiones y de difícil reversibilidad, muestran una certeza baja. De hecho, los datos recogidos por investigaciones lideradas por las autoridades de la sanidad pública en Reino Unido, Finlandia, Suecia y Países Bajos señalan que la relación riesgo-beneficio de los «tratamientos de afirmación de género» en menores suele ser DESFAVORABLE. Cabe destacar que estas tres revisiones se llevaron de forma independiente.

Es decir: la cautela puesta en práctica ahora por varios sistemas de salud europeos está justificada por estudios e investigaciones basadas en las EXPERIENCIAS RECOGIDASEstas conclusiones han provocado que las sanidades públicas redirijan el enfoque actual de los tratamientos que se estaba dando a las personas trans. Ante la medicalización y la intervención quirúrgica como respuesta más inmediata, se está fraguando una práctica menos invasiva y que trata de acudir a la raíz de la situación, empleando la psicología y la psiquiatría para tratar posibles trastornos asociados, o comorbilidades, que afectan especialmente a las personas con identidad cruzada.

Esta nueva forma de aproximarse en Europa a la situación implica mayor calma y un uso más restrictivo de las hormonas y los bloqueadores de la pubertad. En el pasado, los médicos de Reino Unido ya alertaron de que observan que muchos casos eran remitidos a tratamientos farmacológicos, o incluso a una intervención irreversible, de forma precipitada. Esta llamada de atención condujo al cierre del Centro Tavistock en Londres —la primera y única clínica dedicada al Servicio de Desarrollo de Identidad y Género, que, entre 2009 y 2018, vio aumentado en un 3.360% el número de pacientes remitidos— y a una conciencia del problema más ligada a la investigación y menos a la actuación: los casos de menores ahora se inscriben en protocolos formales de investigación.

También en Finlandia los médicos mostraron su preocupación después de que pacientes recibieran tratamientos farmacológicos SIN CUMPLIR con los criterios de elegibilidad desarrolladas en el Protocolo holandés, el primer documento especializado en la atención médica de «afirmación de género» para menores, realizado entre 1990 y 2012. Este documento contempló una serie de condiciones indispensables para poder iniciar el tratamiento, como la constatación documentada durante la primera infancia de una disforia de género, su aumento tras el comienzo de la pubertad, inexistencia de trastornos psicológicos asociados y, finalmente, demostración de conocer y comprender las CONSECUENCIAS de un cambio de sexo quirúrgico. Además, el protocolo establece unos hitos temporales: los tratamientos con bloqueadores de pubertad NO DEBEN INICIARSE hasta los 12 años; el uso de las hormonas cruzadas, hasta los 16; y las intervenciones quirúrgicas, hasta los 18. Estas dos últimas formas de tratamiento, además, son claramente irreversibles, por lo que es esencial asegurarse de que el paciente conoce y comprende el camino que está tomando. En todo momento, el menor debe tener acompañamiento psicológico.

En 2019, la doctora Riittakerttu Kaltiala, principal experta de género en Finlandia, aseguró que las causas tras el aumento repentino de los tratamientos se dieron en grupos de amigos por parte de adolescentes con problemas psicológicos preexistentes y tras la exposición prolongada a redes sociales.  En febrero de 2023, la doctora Kaltiala aseguró que no se debe presionar a los menores para que se ajusten a comportamientos identificados con su sexo biológico, pero tampoco «negar el cuerpo» en los casos en los que se confirme la disforia de género. Una u otra actitud, afirma, dan al niño «el mensaje de que algo anda mal». De hecho, la doctora Kaltiala señala que la mayor parte de los escasos estudios sobre el tema demuestra que, cuando se deja que el menor con comportamientos de género cruzado continúe su desarrollo, en «cuatro de cada cinco casos», el NIÑO TERMINA ACEPTANDO SU CUERPO Y SU SEXO. Pero que cuatro de cada cinco menores terminen aceptando su cuerpo no significa que sus problemas de salud mental desaparezcan, si no que éstos no les impedirán desarrollar su proyecto vital y vivir una buena vida. De hecho, la industria de la transición de género se basa en la promesa ABSURDA de que ninguna persona debería tener que experimentar incomodidades relacionadas con su cuerpo, su género, o lo que de ella se espera por ser hombre o mujer.

Kaltiala advierte de que, frente a la tendencia estadounidense, bajo cuya óptica la afirmación de género del menor es una demostración de bondad y entendimiento, una transición —sea social o clínica— es una poderosa alteración intrusiva con el desarrollo psicosocial del niño y, lo que es más determinante, capaz de provocar daños iatrogénicos —es decir, originados por el propio tratamiento—. De hecho, los defensores de las intervenciones en menores suelen agitar la MENTIRA de «transición o suicidio», aduciendo que los menores que no se someten a los «tratamientos de afirmación de género» terminan poniendo fin a su vida, que tienen mayor riesgo de suicidio. La doctora Kaltiala asegura que esta afirmación es «DESINFORMACIÓN INTENCIONADA» y que «DIFUNDIRLA ES IRRESPONSABLE». En el Reino Unido, entre 2010 y 2020, la tasa de suicidio de los menores que buscaban un tratamiento médico de transición fue del 0,03%. Para Katiala, el discurso del suicidio dirigido a los padres y a los jóvenes «no está justificado».

En Finlandia, la Sociedad de Pediatría se situó en contra del apoyo del Gobierno a los programas de auto identificación de género en menores en un escrito dirigido al Parlamento. La Asociación Médica aseguró que es bueno «limitar el reconocimiento legal de género INCLUSO para los adultos».  La doctora Kaltiala concuerda con el sistema de salud pública de Reino Unido, que, en diciembre de 2022, comenzó a advertir de los riesgos de la transición social en menores y a recomendarla únicamente en los casos de disforia de género diagnosticada en adolescentes que comprendan y acepten los posibles riesgos del camino que comienzan.  Actualmente, muchos de los estados europeos no permiten el uso de hormonas del sexo cruzado hasta los 16 años e introducen como requisito haber superado un número de sesiones psicológicas. Igualmente, la mayoría de los países IMPIDEN el acceso a las intervenciones quirúrgicas hasta esa edad. En la mayoría de las naciones de Europa, el acceso de los menores de edad a estos tratamientos viene supeditado a su cumplimiento de una serie de criterios, que varía entre los distintos países. La tendencia europea, sin embargo, es que estos requisitos de elegibilidad se apeguen cada vez más a los entornos de investigación y ensayos clínicos, con mayores controles.

Tras décadas de tratamientos llevados a cabo —de manera indiscriminada y contra los criterios médicos, en no pocos casos—, los datos recabados por los sistemas de salud pública de varios países europeos han mostrado que los estudios empleados para apoyar el uso de estos tratamientos tienen una certeza «muy baja». Junto a la imposición de mayores controles de acceso a estas intervenciones, más acordes con el espíritu inicial del Protocolo holandés, en Europa crece la constancia de que estos tratamientos continúan, hoy en día, en fase «experimental», por lo que, antes de continuar avanzando, es necesario profundizar en la investigación de los casos y en un seguimiento de los pacientes a largo plazo. De hecho, si bien en Países Bajos el protocolo siguió con mayor apego los rigurosos controles del Protocolo, a finales de 2022 se publicó un informe realizado por especialistas en el que se afirmaba que, pese a ello, pacientes que realizaron la transición de acuerdo con el Protocolo MOSTRARON DISFUNCIONES SEXUALES, VERGÜENZA CORPORAL Y ARREPENTIMIENTO AL LLEGAR A LA EDAD ADULTA.

En este sentido, la experiencia europea —dramática, en muchas ocasiones— con los «tratamientos de afirmación de género» en menores otorga a este continente una visión distinta —y más avanzada— que la que Estados Unidos continúa desarrollando. Aquí, prima ahora la noción de «experimental» y un mayor deseo de investigar. Allí, el uso de hormonas y bloqueadores y las cirugías de cambio de género atienden a unas condiciones de elegibilidad mucho menos estrictas que en Europa.

Para Kaltiala, es preocupante que los defensores del enfoque «afirmativo», desarrollado principalmente —pero no sólo— en Estados Unidos, ignoren las causas profundas de los crecientes problemas mentales de los niños y jóvenes de nuestros días, que, de acuerdo con los datos expuestos, afectan sobremanera a las niñas y jóvenes. La investigadora, al igual que muchos de sus colegas, insiste en que el uso de las redes sociales tiene un carácter definitorio en este aumento de trastornos mentales, pero se lamenta de que es imposible conocer su alcance ni sus causas sin mayores investigaciones. El enorme aumento de jóvenes que se identifican como transexuales o no binarios, en el fondo, no es más que una consecuencia lógica de lo que se ha desarrollado durante las últimas décadas: la promesa utópica de que cualquier malestar o problema psicológico se debe únicamente a un conflicto de identidad sexual o de género. Pero, para la doctora Kaltiala, no se trata de una solución, sino de un parche que, además, puede provocar graves daños a largo plazo.

Madures y Funciones del Desarrollo Prefrontal:

Para terminar es fundamental tener en cuenta lo concerniente al desarrollo y madurez de la corteza frontal, y en concreto la prefrontal que es la última zona del cerebro en alcanzar la madurez completa,  un proceso que se prolonga hasta pasados los VEINTE AÑOS de edad. Estos cambios se relacionan con avances en las capacidades cognitivas y emocionales que dependen del lóbulo frontal y que componen las funciones ejecutivas. Por lo tanto, a lo largo del desarrollo se observa una mejora progresiva en la capacidad de inhibir respuestas, la atención y la autorregulación de la conducta. De hecho, el PFC es en gran parte responsable de la toma de decisiones cuando se trata de elecciones sociales, como IMPULSOS SEXUALES, elegir el bien del mal, la planificación, la memoria a corto plazo, hacer buenos amigos o reprimir o expresar emociones. Este es el fundamento científico para que a finales del S. XX y comienzos del nuevo milenio, gran parte de las Democracias del mundo entero, hubiesen regulado la mayoría de edad a los (21) años. Pues solo a esta edad hombres y mujeres, alcanzamos la madurez suficiente para tomar decisiones que puedan afectar el destino de nuestras vidas en forma IRREVERSIBLE. Por lo tanto delegar una decisión tan trascendental en los menores de edad, es algo que no solo NO tiene ningún sustento científico, sino que es un acto de absoluta IRRESPONSABLIDAD y DESCONSIDERACIÓN con ellos.  

EL GRUPO SOCIAL QUE JUNTO CON LAS PERSONAS DE LA TERCERA EDAD Y LAS COMUNIDADES CON UN PRECARIO ACCESO A LOS SERVICIOS DE SALUD, PRESENTAN UNA MAYOR TASA DE MORTALIDAD SON LOS GRUPOS DE HOMOSEXUALES Y TRANSEXUALES (SIDA Y SUICIDIOS)

La Gaceta, Revista Electrónica de Portales Médicos y Estudyando (fuentes)

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