POLÍTICAMENTE CORRECTO
El movimiento del lenguaje políticamente correcto tiene sus bases filosóficas en el antidualismo y por tanto se sitúa en contra de la concepción del conocimiento como universal, objetivo e independiente del contexto. Por otro lado, se basa en la hipótesis de Sapir-Whorf según la cual el lenguaje actúa como creador de realidades y no sólo como herramienta descriptiva. Por tanto, el lenguaje es entendido como equiparable a la acción, y con base en su capacidad constructiva se convierte en una herramienta de exclusión social de minorías en manos de los poderosos, ya que estos controlan los medios a través de los cuales se difunde EL MENSAJE, LA INFORMACIÓN, y se modifican las realidades. Por tanto, el movimiento del lenguaje políticamente correcto considera que, si se llegasen a modificar los términos “clásicos” impregnados de connotaciones, se podrían llegar a cambiar las ideas preconcebidas y, como consecuencia, conseguir una mayor integración de los grupos con poco poder social. Esta concepción del lenguaje pone en duda el propio concepto de la VERDAD, ya que —como dice S. Fish, importante representante de este movimiento— no existe distinción entre el reflejo del mundo real y los juicios, por lo tanto toda descripción constituye en sí misma una interpretación de la realidad, detrás de la cual se esconde una valoración[cita requerida].
Fue después de 1980 que la expresión adquirió en EE. UU. una carga peyorativa y sarcástica con que se manifestaba que la corrección política la adoptaban sectores autodenominados progresistas pero que en la práctica sólo pretendían cambios muy superficiales en la sociedad estadounidense, o BUSCABAN IMPONER UN CRITERIO ÚNICO DE IDEAS PROPIAS COMO "CORRECTAS" ANTE TODA LA OPINIÓN PÚBLICA. 

Esto puede ser usado por gobiernos corruptos para manipular a los gobernados; y hacerles creer que los actos o acciones ejecutadas por ellos, son buenas y benéficas para la población, así estas no sean más que acciones abusivas, deshonestas, ilegales e incluso dictatoriales. Varios gobiernos de izquierda sur americanos lo han hecho de forma descarada y podría decirse que tristemente “inteligente”, pues manipulan los sentimientos y los ideales del pueblo manipulando sus sentimientos y sus ideales, como ocurrió con el gobierno de Chavez y sigue ocurriendo con Maduro en Venezuela, donde con el cuento de la “Revolución Bolivariana” estos gobernantes saquearon las arcas del erario público “una de  las más abundantes del mundo” a comienzos del siglo XXI, cuando el barril de petróleo llegó a bordear los us $ 100, dejando el país en la mayor postración económica de su historia y aun así, tiene maduro el descaro de salir a los medios a afirmar que toda la culpa no la tienen los gobiernos, sino la oligarquía Venezolana y el intervencionismo Yanqui; adicionalmente han expropiado, sellado y censurado prácticamente todos los medios de comunicación que publican todos los abusos y atropellos del régimen, quedando como únicos poseedores de la “VERDAD”. Algo muy parecido ocurre en Ecuador, Argentina y actualmente en Colombia con el gobierno SANTOS, quien utiliza la modalidad de alinearlos a su favor, a punta de pauta publicitaria “Mermelada” multimillonaria, aproximadamente US $ 1.000.000.000 al año, para que tapen los múltiples escándalos de corrupción que ha habido durante su gobierno y apoyan un mal llamado “Proceso de Paz”, que otorga total impunidad a los terroristas de las FARC, les permite seguir traficando con drogas al considerarlo dentro de los acuerdos como un “delito conexo con el delito político” y les regala más de 20 curules sin que tengan que hacer campaña política como los demás ciudadanos Colombianos, entre otros muchos premios que les otorga a estos (asesinos, secuestradores, violadores, narcotraficantes, etc)

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